sábado, 12 de julio de 2008

2ª etapa del curso de Terapia Regresiva III

La vida causa...

Cristina me llevó directamente a ella, esta vez, con técnicas nuevas que iba enseñándonos y con las cuales entraba en regresión tan a trapo como con las de la etapa anterior... es más, a veces ya estaba en puertas y simplemente esperaba a oír sus pautas para no perderme...

Me vi en un día precioso, soleado, era una chica blanca de tez y con el pelo azabache, de uno 25 años. Jugaba alegre con dos niños de entre 5 y 6 años. Todos vestíamos de blanco. Mi vestido era una larga túnica suelta, el escote era cuadrado y llevaba el pelo recogido en dos trenzas enroscadas a cada lado. Jugábamos en el patio de algún edificio, claro y luminoso.

No comenté nada de la impresión que tenía, pero claramente supe que no estaba en un tiempo de nuestra historia conocida. Contestaba según me iba preguntando Cristina, pero sin dar mucho detalles, algo me decía que no era el momento o tal vez el foro adecuado para explayarme y no era un pensamiento interesado en nada, era simple alerta y más en un estado alterado, donde la intuición deja casi de serlo para devenir conciencia.

Me llevó a otra escena y en ella nos veía subiendo una escalinatas amplísimas que llevaban a un templo. Allí debía dejar a los niños. Les miré, sus ojos me suplicaban que no les dejara, no querían entrar. Yo no quería ni ver ni oír nada más, pero ya era tarde. Seguí adelante y los entregué a una mujer que nos esperaba dentro. Los tomó de la mano y me fui alejando primero despacio, luego más aprisa, volví a mirarles y lo que vi acabó con mi resistencia interior a hacerme cargo de lo que estaba pasando.

Cristina S. Miguel insistió varias veces para que le contara que estaba viviendo pero yo era incapaz de querer meterme en ello. Con tono inapelable volvió a insistir varias veces y entonces contesté...los van a sacrificar...y ahí, una fuerte conmoción sacudió mi pecho y mi alma. Ella me pidió que me dejara llevar por ese sentimiento de desgarro, que lo sintiera, para que pudiera liberarlo, porque aquello ya había pasado, ya no formaba parte de mi vida...

Mientras mi respiración y sentimientos estaban alterados, me hablaba con suavidad, haciendome ver que mi reticencia a implicarme emocionalmente provenía de ese tiempo en el que no pude soportar lo que viví, el dolor de dejar a aquellos niños y el por qué de mi falta de implicación y alejamiento emocional en otras siguientes vidas.

Otra vez, huía, huí y me disocié de mis sentimientos en muchas vidas para evitar el dolor de la perdida y de la separación del ser amado y volví a hacer lo mismo con respecto al dolor de los niños...¿La pauta? sino me quedó claro en las distintas regresiones ahora ya no me quedaban dudas. Pero lo reservo para mí....

Lo que sí desencadenaron esas escenas fueron otros recuerdos de ese tiempo que siempre están y han estado presentes y latentes a lo largo de toda mi vida.

Sabía, como comentaba antes, que esa vida no pertenecía a ninguna cultura conocida. Era un tiempo anterior a este tiempo. Un tiempo donde una cultura increíble pasó por las mismas pruebas y pautas conocidas como generación, exaltación y caída de un imperio y/o civilización. En este caso hablo de la Atlántida.

Siempre supe que pertenecí, como muchos de mis amigos a los que reconozco instintivamente, a ese tiempo. Un tiempo que duró muchos miles de años y en el que vivimos muchas veces...así que con lo de 10.000 años tal vez me quedo corta. Me refería más bien al tiempo transcurrido desde su declive y desaparición hasta nuestros días.

Sé que es duro de creer, pero no estoy contando esto para que nadie me crea a mi, sí para que aquellos a los que les suene en el corazón lo recuerden como lo recuerdo yo. No debe servir para sentirse diferente o superior, al contrario, ver cuanto nos ha costado llegar hasta aquí ¡y lo que nos queda!..¡esas escaleras!..

Sé que esta vez, no es importante contar ahora aquí lo que viví en las regresiones siguientes. Ya elaboré y comprendí muchas cosas. Sí lo es lo que una de esas regresiones acaba de activar. Entiendo que nada acontece por casualidad y que esto no es más que otro interruptor que se acaba de poner en marcha para poder contar lo que de verdad importa: La memoria de nuestra verdadera historia, no la que humana e intelectualmente nos cuentan, tan parcial, tan contada desde el lado del ganador, sino de la Historia del Alma de la Humanidad, de esta extraordinaria tierra que nos cobija y que se conoce en todo el Universo como Saras o planeta Tierra. El nombre de Saras significa repetición y desde luego le viene muy bien a un "Hogar" donde todo se repite ciclicamente y en cada vuelta del camino, en cada vuelta de la espiral, un nuevo entendimiento que nos acerca al centro de nuestro yo personal y de nuestro yo colectivo.

Antes de adjuntar en el siguiente post una historia que dejaré a cada uno la libertad de leer como si fuera un cuento fantástico...diré que el tiempo en el que sucedió lo que vi en la regresión, debió ser al final de ese ciclo, de esa civilización, cuando las culturas se pervierten por olvido de la razón primigenia de su existir y devenir...

Y tú? empiezas a recordar?...

Un abrazo muy fuerte

Enri

Si os interesa participar en este curso de terapia regresiva,
contactad conmigo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola de nuevo, cariño, Enri...

Ayer iba con mi novio Fer por el rastro de Madrid (sí, ya sabéis, eso que se hace todos los domingos en el centro, como un mercadillo a lo bestia, tradicional desde hace muchísimos años, no sé cuantos). Bueno, Fer es un gran amante de la arqueología y de las culturas clásicas mediterráneas, que le llaman poderosamente.., y yo también.

Me paré en un puesto, una almoneda que tenía mil millones de cachivaches desperdigados por el suelo. Y ahí, lo "vi". Como una moneda minúscula dorada, pero con un enganche para colgarla. Al principio, pensé que sería árabe o judía (por el tamaño, la forma redonda irregular, las inscripciones mal legibles con cuenta hilos). Se la compré al tipo del puesto, que no sabía tampoco qué era.

Pero quedamos Fer y yo fascinados. No era árabe ni judía, ni una moneda, más bien, un talisman rarito. ¡Y era de oro! Muy fina, eso sí. La tengo ahora mismo aquí. Un texto extrañísimo daba vueltas en espiral, pensamos si sería como una serpiente. Nos colgamos toda la tarde de la Internet, hasta que Fer consiguió averiguar lo que es. Y lo que es.., es una reproducción en oro del extraño y aún no traducido "disco de Festos" encontrado en Creta: un disco de arcilla labrada con jeroglíficos que los historiadores aún no han conseguido descifrar, de la tardía Edad del Bronce. ¿Cómo habría ido a parar tal objeto al Rastro de Madrid?

Umm, siempre me apasionó Creta, y también a Fernando, mi novio. Siempre, siempre. Ahora tengo en mi mano una cosa rara que encontré de manera rara.

Enri.., cosas como ésta a mí me dejan toda loca. Así que no me extraña todo lo que cuentas de la Atlántida. Para empezar, porque creo que estaba situada en Creta precisamente, y que la devastación fue impresionante, a tenor de la explosión de un volcán furibundo en la isla de Tera.

Me ha dejado impactada lo de los niños que cuentas. Yo también tengo problemas con los niños, creo que por eso no los tengo.

También tengo problemas con la pérdida de aquellos a quienes amo.., pero eso ya lo sabes tú muy bien ;-)

Identificar el problema, es parte de la sanación y la solución. ¡Ójala todo empiece por ese camino!

Os dejo un enlace al disco de Festos para que lo veáis. Es igualito que esto, pero en oro.., y del tamaño de la yema de un dedo. No sé ni cómo Fer pudo dar con ello.

Besotes!

http://es.wikipedia.org/wiki/Disco_de_Festos

Andrómeda.